Llama Suramericana


Símbolo de la unión de diferentes nacionalidades, lenguas, religiones y razas por un mundo pacífico, la Llama Olímpica -tradición de los Juegos Olímpicos de la Antigüedad Griega- tiene su similar en Suramérica en el Fuego Suramericano.

La ODESUR definió en su III Congreso, realizado en junio de 1978, que la ciudad boliviana de Tiahuanaco, por su significado histórico, sería el punto de partida del Fuego para todas las ediciones de los Juegos Suramericanos.

En los años de Juegos Olímpicos, el Fuego se enciende en las ruinas de Olimpia, en Grecia, y es llevado en antorchas por varios Conductores que se suceden en un trayecto que termina el primer día en la ciudad sede de cada edición de los Juegos. En esa fecha, la Llama enciende el Pebetero del Estadio Olímpico durante la Ceremonia de Apertura. El Pebetero Olímpico permanece encendido durante todo el período de los Juegos y se apaga en la Ceremonia de Clausura.

El Fuego Suramericano es encendido en una ceremonia ancestral en las ruinas históricas y es llevado hasta la ciudad sede de los Juegos. Tiahuanaco, situada sobre la margen del lago Titicaca, en los Andes, fue el centro de la gran civilización Amawta, que dominó gran parte de Suramérica en los siglos XI y XII. Esta civilización dominó amplios conocimientos artísticos y técnicos y fue más rica y poderosa que la civilización Inca.

En las ocho ediciones de los Juegos Suramericanos, el Fuego fue conducido por innumerables atletas, como la peruana Cecilia Tai, integrante del equipo vicecampeón olímpico de voleibol en Seúl 1988. En la última edición de los Juegos, el Fuego Suramericano fue encendido en la puerta del tempo Kalasasaya (Bolivia). A dia seguiente, la atleta Alejandra Garcia recibio la antorcha. El día 9 de noviembre, el Fuego Suramericano fue llevado al Estadio Multipropósito del Parque Roca, escenario de la Cerimonia de Abertura. El atleta Carlos Espino, medalista olímpico, tuvo el honor de encender el pebetero.